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RESUMEN HISTÓRICO
Ciutadella puede estar orgullosa de haber sido fundada en tiempo
muy antiguo. El obispo Severo, en su famosa carta encíclica
(418), nos dice: "Hay fundadas en la isla dos pequeñas
poblaciones, a las cuales los púnicos dieron nombre según
su situación: Jammona mira a poniente..." Pero nosotros
opinamos que el establecimiento semítico se sobrepone a un
poblado talayótico ya existente. Después del año
123 a. C., fecha en la cual Quintus Cecilius Metellus conquistó
las Baleares para Roma, Jammona fue una pequeña población,
posiblemente de carácter militar, un parvum oppidum.
De hecho, en la zona delimitada por el paseo de Sant Nicolau y el
Camí de Baix se han encontrado abundantes restos arqueológicos
(mosaicos, sepulturas, cerámica y pequeñas piezas
de metal). Muy pronto, Ciutadella fue municipio romano, el Municipium
Flavium Iamontarum, uno de los de la isla, y sede episcopal
una vez cristianizado (conocemos a Severo, que regía como
obispo no solo nuestra ciudad sino también de toda la isla;
y a Macario, que el año 484 fue llamado a Cartago por el
rey ario Hunneric).
Nuestra ciudad, como toda la isla, fue conquistada por el poder
de los vándalos y, posteriormente, incorporada al Imperio
bizantino (534). Pero parece que, con el tiempo, Menorca disfrutó
de una casi total independencia. Desde finales del siglo VII los
musulmanes comenzaron a devastarla con repetidas razzias, aunque
la ocupación total se retrasó hasta inicios del siglo
X.
Durante la dominación musulmana, la antigua Jammona era
la Medina Menurka, la capital de la isla, donde residía el
almojarife (en la calle del Palau todavía hoy se rememora
el lugar donde estaba el edificio).
El Palacio, contaba con un recinto amurallado o qasr, una
mezquita mayor (actualmente su sitio está ocupado por la
Catedral, y el minarete fue convertido en campanario); y otros recintos
secundarios, cementerios, etc. Era la única población
de cierta importancia de Menurka. Después de un periodo de
vasallaje (1231-1287) en que la isla prosperó económica,
cultural y demográficamente, el territorio fue conquistado
por el rey Alfonso III el Liberal, unos 700 años atrás.
Poco quedó de la cultura musulmana (algunos topónimos,
técnicas constructivas y cerámicas). La población
fue vendida como esclava, y la tierra, repoblada de "buena
gente catalana" -Muntaner-.
Alfonso III confirmó la condición de capital a la
ya catalana Ciutadella de Menorca, donde se establecieron los tribunales
de la Gobernación, del Real Patrimonio y de la Alcaldía
General, donde fijaron su residencia el gobernador, el paborde (máxima
jerarquía eclesiástica de la isla) y los caballeros.
El organizador de los aspectos más importantes de la vida
menorquina fue Jaime II de Mallorca, que estableció el sistema
de defensa (las caballerías), el sistema parroquial (unión),
la circulación monetaria, etc. Todo esto en 1301.
De las luchas dinásticas entre la casa de Aragón
y la de Mallorca, bajo la cual Menorca vivió a partir de
1298, resultó la conquista de las Baleares por Pedro IV el
Ceremonioso. Durante gran parte de la edad media, la Universidad
de Ciutadella (entidad municipal de amplios poderes) fue la única
en la isla y cuando, en el siglo XIV, surgieron las poblaciones
foráneas, mantuvo su supremacía. La dirigían
4 jurados (uno de cada estamento) y 10 consejeros. A pesar de su
debilidad demográfica (hasta el siglo XVI nunca pasó
de 3.500 habitantes), Ciutadella representaba la mitad de la población
insular. Nuestra ciudad sufrió la peste de 1348, las violencias
antijudías de 1291, dos guerras civiles en el siglo XV; y
una casi permanente tensión entre los estamentos privilegiados
y los más desfavorecidos, por un lado, y entre la capital
y el resto de la isla por otro lado. Cuando se recuperaba de todos
estos avatares, en 1558 protagonizó la gesta más heroica
de su azarosa historia, una poderosa armada turca, compuesta de
140 naves, con 15.000 guerreros, sitió durante ocho días
a la ciudad, que solo contaba con pocos centenares de hombres para
defenderse. La resistencia fue encarnizada pero inútil. Todos
los habitantes de Ciutadella que sobrevivieron a la derrota (3.099)
fueron trasladados como esclavos a Turquía, junto con otros
muchos naturales de otras poblaciones de la isla (hasta llegar a
3.452). Muy pocos volvieron. Todavía hoy, cada 9 de julio
conmemoramos "el año de la desgracia" con un solemne
acto donde se lee el Acta de Constantinopla, que describe los hechos.
La ciudad tuvo que reconstruirse sobre las ruinas: casas e iglesias,
murallas y conventos se van reedificando al ritmo intermitente que
marcaban las grandes dificultades económicas.
El siglo XVII fue de maduración para la capital isleña:
se erigen iglesias, como la del Sant Crist dels Paraires; conventos,
como el del Socors; palacios de familias de caballeros que se iban
enriqueciendo por una política de matrimonios y herencias;
se conceden los primeros títulos nobiliarios; se terminan
las murallas, etc. No faltan, tampoco, crisis demográficas,
como la que causó peste de 1652, que produjo centenares de
muertos, las invasiones piratas, los conflictos entre la Universidad
y los gobernadores, plagas de ratas o saltamontes, sequías
prolongadas, bandolerismo, etc.
El dominio de la Corona española terminó el 1708,
año en que una escuadra inglesa ocupó la isla pretendidamente
en nombre del archiduque Carlos de Austria. El tratado de Utrecht
de 1713 consolidó la ocupación británica, que
significó para Ciutadella la pérdida de la capitalidad
cuando, en febrero de 1722, Richard Kane trasladó a Maó
los tribunales y las oficinas del gobierno, aunque los habitantes
de Ciutadella defendieron, hasta muy entrado el siglo XIX, su condición
de capital. La dominación francesa (1756-1763) produjo una
corriente cultural de mucha importancia que abrió camino
a las ideas imperantes en Europa. La etapa de dominio español
que sucedió a la segunda dominación inglesa hará
posible realizar un antiguo deseo de Ciutadella: reinstaurar el
obispado propio (1795). El carácter de ciudad episcopal es
completamente visible en nuestra población, y aquí
conviene recordar un consejo que daba Unamuno a un amigo suyo: "No
dejéis de visitar las pequeñas ciudades que no son
capitales de provincia y tienen obispado; son todas interesantísimas".
El siglo XIX significó el despertar: Ciutadella pasó
de ser una ciudad eminentemente agrícola, encorsetada por
las murallas, con calles estrechas, a ser una población de
anchas calles que se expandieron a partir de la Contramurada. Tenía
una economía ya industrial, fruto de la implantación
de la manufactura del calzado, una demografía en aumento
constante que pasará de los 7.000 habitantes a principios
del siglo XIX a los más de 25.000 actuales, y un dinamismo
económico y cultural que puede apreciar cualquiera de nuestros
visitantes. Ésta es la Ciutadella que encontrarán,
a la vez moderna y tradicional, actual y bimilenaria.
ETIMOLOGÍA
A lo largo de los siglos, los diferentes pobladores que se han
asentado en la población más occidental de la isla
de Menorca le han dado diversos nombres: Jamma, Iamo, Iamona, Iamnona,
Jammona o Medina Minurka.
A partir de 1287, sin embargo, a partir de la incorporación
de Menorca a la cultura cristiana y europea, se impuso el nombre
de Ciutadella, topónimo que, etimológicamente, proviene
del latín civitatella, diminutivo de civitas
(ciudad); aunque este nombre ya prevalecía entre la población
romanizada, y los mozárabes menorquines nombraban así
a la población de poniente antes de la llegada y el poblamiento
de la isla por gente catalana.
Con esta denominación, si bien bajo diversas formas, es
como aparece escrito el nombre de la antigua capital menorquina
en las crónicas de Jaime I (Ciutadela) en 1308, de Ramon
Muntaner (Ciutadella) en 1287 y de Marsili (Ciutadeyla). Posteriormente,
también aparece en la cartografía bajo diversas grafías,
según la nacionalidad del geógrafo; pero, de acuerdo
con las normas y la gramática catalana actual, la forma correcta
es CIUTADELLA.
En el Decreto 36/1988, del 14 de abril (BOCAIB núm. 51.28.04.88),
figura como CIUTADELLA DE MENORCA, determinativo que se añade
al nombre que se le da habitualmente para precisar geográficamente
el topónimo y para explicar la etimología, ya que,
al ser diminutivo de ciudad, se le añade de Menorca por paralelismo
con la capital de la Balear mayor: Ciutat de Mallorca, con lo cual
el nombre de Ciutadella de Menorca ofrece unas ciertas connotaciones
históricas referentes a la antigua personalidad política
de esta población dentro de la isla de Menorca.
ACTUALIDAD
Actualmente Ciutadella de Menorca tiene una población de
26.147 habitantes Padrón actualizado a 31-12-2002), la mayoría
de los cuales viven en los alrededores del núcleo antiguo
y el resto en alguna de las diferentes urbanizaciones que envuelven
nuestro territorio (Cala en Blanes, Calespiques, Cala Blanca, Cala
en Bosc, Santa Galdana...).
A pesar de que la manufactura del calzado y la bisutería
siguen siendo una fuente importante de riqueza para nuestra ciudad,
hoy el turismo ha pasado a ser la principal fuente de ingresos para
la mayoría de los ciudadanos.
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