Turismo
Agenda
Regidor:
Gabriel Cardona (PP)
Tel: 971 38 10 50

correo electrónico

RESUMEN HISTÓRICO

Ciutadella puede estar orgullosa de haber sido fundada en tiempo muy antiguo. El obispo Severo, en su famosa carta encíclica (418), nos dice: "Hay fundadas en la isla dos pequeñas poblaciones, a las cuales los púnicos dieron nombre según su situación: Jammona mira a poniente..." Pero nosotros opinamos que el establecimiento semítico se sobrepone a un poblado talayótico ya existente. Después del año 123 a. C., fecha en la cual Quintus Cecilius Metellus conquistó las Baleares para Roma, Jammona fue una pequeña población, posiblemente de carácter militar, un parvum oppidum. De hecho, en la zona delimitada por el paseo de Sant Nicolau y el Camí de Baix se han encontrado abundantes restos arqueológicos (mosaicos, sepulturas, cerámica y pequeñas piezas de metal). Muy pronto, Ciutadella fue municipio romano, el Municipium Flavium Iamontarum, uno de los de la isla, y sede episcopal una vez cristianizado (conocemos a Severo, que regía como obispo no solo nuestra ciudad sino también de toda la isla; y a Macario, que el año 484 fue llamado a Cartago por el rey ario Hunneric).

Nuestra ciudad, como toda la isla, fue conquistada por el poder de los vándalos y, posteriormente, incorporada al Imperio bizantino (534). Pero parece que, con el tiempo, Menorca disfrutó de una casi total independencia. Desde finales del siglo VII los musulmanes comenzaron a devastarla con repetidas razzias, aunque la ocupación total se retrasó hasta inicios del siglo X.

Durante la dominación musulmana, la antigua Jammona era la Medina Menurka, la capital de la isla, donde residía el almojarife (en la calle del Palau todavía hoy se rememora el lugar donde estaba el edificio).

El Palacio, contaba con un recinto amurallado o qasr, una mezquita mayor (actualmente su sitio está ocupado por la Catedral, y el minarete fue convertido en campanario); y otros recintos secundarios, cementerios, etc. Era la única población de cierta importancia de Menurka. Después de un periodo de vasallaje (1231-1287) en que la isla prosperó económica, cultural y demográficamente, el territorio fue conquistado por el rey Alfonso III el Liberal, unos 700 años atrás. Poco quedó de la cultura musulmana (algunos topónimos, técnicas constructivas y cerámicas). La población fue vendida como esclava, y la tierra, repoblada de "buena gente catalana" -Muntaner-.

Alfonso III confirmó la condición de capital a la ya catalana Ciutadella de Menorca, donde se establecieron los tribunales de la Gobernación, del Real Patrimonio y de la Alcaldía General, donde fijaron su residencia el gobernador, el paborde (máxima jerarquía eclesiástica de la isla) y los caballeros. El organizador de los aspectos más importantes de la vida menorquina fue Jaime II de Mallorca, que estableció el sistema de defensa (las caballerías), el sistema parroquial (unión), la circulación monetaria, etc. Todo esto en 1301.

De las luchas dinásticas entre la casa de Aragón y la de Mallorca, bajo la cual Menorca vivió a partir de 1298, resultó la conquista de las Baleares por Pedro IV el Ceremonioso. Durante gran parte de la edad media, la Universidad de Ciutadella (entidad municipal de amplios poderes) fue la única en la isla y cuando, en el siglo XIV, surgieron las poblaciones foráneas, mantuvo su supremacía. La dirigían 4 jurados (uno de cada estamento) y 10 consejeros. A pesar de su debilidad demográfica (hasta el siglo XVI nunca pasó de 3.500 habitantes), Ciutadella representaba la mitad de la población insular. Nuestra ciudad sufrió la peste de 1348, las violencias antijudías de 1291, dos guerras civiles en el siglo XV; y una casi permanente tensión entre los estamentos privilegiados y los más desfavorecidos, por un lado, y entre la capital y el resto de la isla por otro lado. Cuando se recuperaba de todos estos avatares, en 1558 protagonizó la gesta más heroica de su azarosa historia, una poderosa armada turca, compuesta de 140 naves, con 15.000 guerreros, sitió durante ocho días a la ciudad, que solo contaba con pocos centenares de hombres para defenderse. La resistencia fue encarnizada pero inútil. Todos los habitantes de Ciutadella que sobrevivieron a la derrota (3.099) fueron trasladados como esclavos a Turquía, junto con otros muchos naturales de otras poblaciones de la isla (hasta llegar a 3.452). Muy pocos volvieron. Todavía hoy, cada 9 de julio conmemoramos "el año de la desgracia" con un solemne acto donde se lee el Acta de Constantinopla, que describe los hechos.

La ciudad tuvo que reconstruirse sobre las ruinas: casas e iglesias, murallas y conventos se van reedificando al ritmo intermitente que marcaban las grandes dificultades económicas.

El siglo XVII fue de maduración para la capital isleña: se erigen iglesias, como la del Sant Crist dels Paraires; conventos, como el del Socors; palacios de familias de caballeros que se iban enriqueciendo por una política de matrimonios y herencias; se conceden los primeros títulos nobiliarios; se terminan las murallas, etc. No faltan, tampoco, crisis demográficas, como la que causó peste de 1652, que produjo centenares de muertos, las invasiones piratas, los conflictos entre la Universidad y los gobernadores, plagas de ratas o saltamontes, sequías prolongadas, bandolerismo, etc.

El dominio de la Corona española terminó el 1708, año en que una escuadra inglesa ocupó la isla pretendidamente en nombre del archiduque Carlos de Austria. El tratado de Utrecht de 1713 consolidó la ocupación británica, que significó para Ciutadella la pérdida de la capitalidad cuando, en febrero de 1722, Richard Kane trasladó a Maó los tribunales y las oficinas del gobierno, aunque los habitantes de Ciutadella defendieron, hasta muy entrado el siglo XIX, su condición de capital. La dominación francesa (1756-1763) produjo una corriente cultural de mucha importancia que abrió camino a las ideas imperantes en Europa. La etapa de dominio español que sucedió a la segunda dominación inglesa hará posible realizar un antiguo deseo de Ciutadella: reinstaurar el obispado propio (1795). El carácter de ciudad episcopal es completamente visible en nuestra población, y aquí conviene recordar un consejo que daba Unamuno a un amigo suyo: "No dejéis de visitar las pequeñas ciudades que no son capitales de provincia y tienen obispado; son todas interesantísimas".

El siglo XIX significó el despertar: Ciutadella pasó de ser una ciudad eminentemente agrícola, encorsetada por las murallas, con calles estrechas, a ser una población de anchas calles que se expandieron a partir de la Contramurada. Tenía una economía ya industrial, fruto de la implantación de la manufactura del calzado, una demografía en aumento constante que pasará de los 7.000 habitantes a principios del siglo XIX a los más de 25.000 actuales, y un dinamismo económico y cultural que puede apreciar cualquiera de nuestros visitantes. Ésta es la Ciutadella que encontrarán, a la vez moderna y tradicional, actual y bimilenaria.

ETIMOLOGÍA

A lo largo de los siglos, los diferentes pobladores que se han asentado en la población más occidental de la isla de Menorca le han dado diversos nombres: Jamma, Iamo, Iamona, Iamnona, Jammona o Medina Minurka.

A partir de 1287, sin embargo, a partir de la incorporación de Menorca a la cultura cristiana y europea, se impuso el nombre de Ciutadella, topónimo que, etimológicamente, proviene del latín civitatella, diminutivo de civitas (ciudad); aunque este nombre ya prevalecía entre la población romanizada, y los mozárabes menorquines nombraban así a la población de poniente antes de la llegada y el poblamiento de la isla por gente catalana.

Con esta denominación, si bien bajo diversas formas, es como aparece escrito el nombre de la antigua capital menorquina en las crónicas de Jaime I (Ciutadela) en 1308, de Ramon Muntaner (Ciutadella) en 1287 y de Marsili (Ciutadeyla). Posteriormente, también aparece en la cartografía bajo diversas grafías, según la nacionalidad del geógrafo; pero, de acuerdo con las normas y la gramática catalana actual, la forma correcta es CIUTADELLA.

En el Decreto 36/1988, del 14 de abril (BOCAIB núm. 51.28.04.88), figura como CIUTADELLA DE MENORCA, determinativo que se añade al nombre que se le da habitualmente para precisar geográficamente el topónimo y para explicar la etimología, ya que, al ser diminutivo de ciudad, se le añade de Menorca por paralelismo con la capital de la Balear mayor: Ciutat de Mallorca, con lo cual el nombre de Ciutadella de Menorca ofrece unas ciertas connotaciones históricas referentes a la antigua personalidad política de esta población dentro de la isla de Menorca.

ACTUALIDAD

Actualmente Ciutadella de Menorca tiene una población de 26.147 habitantes Padrón actualizado a 31-12-2002), la mayoría de los cuales viven en los alrededores del núcleo antiguo y el resto en alguna de las diferentes urbanizaciones que envuelven nuestro territorio (Cala en Blanes, Calespiques, Cala Blanca, Cala en Bosc, Santa Galdana...).

A pesar de que la manufactura del calzado y la bisutería siguen siendo una fuente importante de riqueza para nuestra ciudad, hoy el turismo ha pasado a ser la principal fuente de ingresos para la mayoría de los ciudadanos.